Las casonas de indianos de Somao


Somao es un pequeño núcleo de población que pertenece al concejo de Pravia, en Asturias. Linda con Muros de Nalón y asoma al mar Cantábrico desde una ladera que permite contemplar espectaculares vistas del litoral y de la desembocadura del río Nalón (especialmente desde los miradores de La Peñona o Monteagudo). Quienes transitan por la carretera que conduce desde Galicia hacia el centro de Asturias pasan justo a su lado, sin conocer quizás que una pequeña pausa les permitirá contemplar una joya arquitectónica singular: un conjunto de casonas de indianos desperdigadas por la ladera, mirando al mar, a poquísima distancia unas de otras.


Se llaman “indianos” en Asturias a los emigrantes que partieron hacia América a finales del siglo XIX y principios del XX. Muchos de aquellos que lograron hacer allí fortuna -sin duda los menos- regresaron y, deseando mostrar su poderío, se hicieron construir por los mejores arquitectos grandes viviendas en sus pueblos de origen, en estilos diversos, pero totalmente diferentes de las casas tradicionales de sus vecinos. Casi siempre con alguna palmera en la finca como signo característico y recordatorio de la estancia en ultramar.

Asturias cuenta con gran número de casonas de indianos, pero lo que destaca de Somao es la gran concentración de ellas -algunas verdaderamente notables- en tan pequeña extensión. Y, además, hay otro hecho llamativo: la mayoría de sus propietarios se asentaron y enriquecieron en una pequeña localidad de Cuba, Caibarién, a donde acudieron por la llamada del primer emigrante del pueblo que logró triunfar allí.

EL NOCEO

El primero, al parecer, fue José Menéndez Viña. Se dice que pasó por Madrid y Francia antes de llegar a Cuba con tan sólo 12 años. Comenzó trabajando en un almacén de coloniales de Caibarién y prosperó tanto en tan poco tiempo que con veintitantos años pudo regresar a su tierra con bastante capital. Más que construir en su pueblo natal una gran casa nueva lo que hizo, en 1880, fue reformar y ampliar la original de la familia e ir incorporando fincas aledañas, donde hizo construir otros edificios con destino a vivienda de los guardeses, cuadras y cochera (hoy alojamiento rural La Cochera). El conjunto se conoce como El Noceo y se encuentra en la parte superior de Somao.


 
















La casa principal sigue estando ocupada por los descendientes del indiano, quienes se han preocupado de mantenerla con todo mimo, tanto que hoy parece un auténtico museo que conserva muchos de los muebles y los cuadros originales de la casona.





No se exhibe al público pero nosotros tuvimos la suerte de encontrarnos en la puerta con uno de sus habitantes, quien muy amablemente nos mostró las distintas dependencias: todo un privilegio poder respirar el ambiente que allí se conserva y conocer de cerca la atmósfera en la que vivían estas familias de indianos de principios del pasado siglo que acondicionaron sus viviendas con las últimas novedades y los mejores muebles de Londres o París.



LA CASONA

Gabino Álvarez era familiar de José Menéndez Viña y fue uno de los primeros en acudir a la llamada de éste para probar fortuna en Caibarién. Tras enriquecerse con el negocio de ultramarinos encargó al arquitecto Francisco García Nava la construcción de una residencia de verano en Somao, que concluyó en 1910 y pasó a conocerse con el nombre de La Casona debido a sus dimensiones.






Dentro de la misma finca se construyó años más tarde (1908) un mausoleo de estilo modernista que llama poderosamente la atención. Corona un pequeño montículo y resulta más fácilmente visible en la lejanía que desde la entrada principal. Para contemplarlo lo mejor es rodear la finca por un camino que asciende a la derecha de la parte frontal. Aunque, si casualmente hubiera alguien en la finca, es fácil que permitan el acceso para poder acercarse hasta el mismo. Más difícil será poder penetrar en él y observar desde el interior las vidrieras procedentes del taller de Maumejean.


LA CASINA

Gabino Álvarez no sólo era propietario de La Casona, tenía también casa en Madrid y en Biarritz (Villa Covadonga). Su segunda esposa, Encarnación Valdés Álvarez, una vez viuda mandó construir frente a La Casona una vivienda más pequeña donde alojó a un sacerdote llamado Amando, a quien había conocido en Biarritz, y que se convirtió en el administrador de sus bienes. Se conoce como la casa de don Amando o La Casina.


VILLA RADIS

Gabino Álvarez segregó parte de su finca para construir la residencia del hijo de su primer matrimonio, Gabino Álvarez Menéndez, quien se casó con una mujer llamada Radisgundis, de donde viene el nombre dado a la mansión, edificada en 1908.


CHALET DE SOLÍS (EL MARCIEL)

Al lado de la iglesia de Somao se encuentra esta casa construida en 1910 para Jesús Solís, otro indiano que acudió a la llamada de José Menéndez Viña. Jesús Solís estuvo casado con Herminia Valdés, hermana de la segunda mujer de Gabino Álvarez (propietario de La Casona). La casa y el jardín son de clara inspiración francesa. El nombre de Marciel -combinación de mar y cielo- fue puesto por el segundo propietario de la vivienda, un maderista de Oviedo.




LA CASA DE LA TORRE

Curiosamente la casa más emblemática de Somao estuvo casi siempre deshabitada. Fue construida como residencia de vacaciones para otro de los indianos del primer momento, Fermín Martínez García, quien -según cuentan- llegó a Caibarién con 18 años como contable y a los 23 era ya director general del almacén de coloniales. Encargó, a distancia, el proyecto al famoso arquitecto Manuel del Busto, autor de afamadas obras modernistas en Asturias y fuera de Asturias (como el Centro Asturiano de La Habana). La construcción -se dice que de inspiración vienesa- se terminó en 1912. Debido al color del azulejo que recubre la fachada se la conoce también como la casa amarilla.



OTRAS CONSTRUCCIONES

Las casas mencionadas son las más destacadas de Somao, pero hay otras también muy interesantes, como

Casa de Tomás de Pachín


Casa de doña Basilisa




Casa de las columnas


  
Pero además, otra característica de los indianos es que acostumbraban a sufragar la construcción de edificaciones de uso público para disfrute de los vecinos de su pueblo natal, como lavaderos, escuelas, iglesias… En Somao su aportación se refleja en la construcción de la iglesia, el cine y las escuelas, que se alinean frente a una explanada ajardinada, con vistas a algunas de las casonas, y donde, a falta de plaza pública, es el lugar habitual de reunión de los parroquianos.